La historia de Ikenobo es la historia misma del origen del ikebana desde su comienzo hace 500 años, coincidiendo con la llegada del budismo a Japón. Sin embargo, el amor y respeto a la Naturaleza ya era una constante en la cultura popular japonesa y en su religión ancestral, el shintoismo. No debemos olvidar que esta zona siempre ha convivido con la fuerza natural de tifones, terremotos, sunamis, ciclones. Conscientes del poder transformador de la naturaleza, aceptaron que nada permanece inalterable y que en este aspecto precisamente, reside la belleza de la vida. El ikebana en su práctica intenta equilibrar las transformaciones de nuestro entorno con las propias del individuo. Es el Hombre parte de la Naturaleza como las plantas, por ello los arreglos de ikebana deben expresar esa inmersión.
Escuchamos los movimientos silenciosos de las plantas, las palabras no dichas de las flores e interpretamos su forma en la creación de un ikebana. Cortamos las plantas y hacemos un arreglo fuera de su ambiente natural creando una belleza adecuada a su nuevo entorno. Sin imitar la forma de la planta en la naturaleza, creamos con ramas, hojas y flores nuestro ideal de la planta, a su vez reflejo de nuestro espíritu. Mostramos las fuerzas de la Naturaleza con las que convive la planta, el viento invernal doblega las ramas, el pasar de las estaciones, algunas hojas picadas muestran su relación con los insectos. La flor justo antes de extender sus pétalos encierra en su interior la energía de la vida que se abre hacia el futuro. Pasado, presente y futuro cada instante de la planta y de los seres humanos que responden frente a un medioambiente siempre cambiante.
Como un poema o una pintura floral, el ikebana de Ikenobo expresa la belleza de las flores y el afloramiento del amor en nuestros corazones.
Con el paso del tiempo la Escuela se ha ido adaptando al devenir de la historia, armonizando lo tradicional con lo moderno en una interacción constante que fomenta nuevas ideas. De esta forma, la Escuela dedica gran parte de su labor a la investigación de nuevas formas de expresión.
Como un poema o una pintura floral, el ikebana de Ikenobo expresa la belleza de las flores y el afloramiento del amor en nuestros corazones.
El ideal del Ikenobo se ha extendido por Japon y por todo el mundo con la apertura de escuelas repartidas en países de todos los continentes y nuestro deseo es que el esfuerzo sirva a la armonía entre los pueblos.